
El hombre, nunca en su historia, ha tenido la capacidad de desplazarse como en la actualidad: cada vez viaja con más frecuencia, de manera más rápida, y a lugares más distantes. Los motivos son múltiples: migratorios, militares, turísticos, comerciales, etc.
La Organización Mundial del Turismo ha constatado un crecimiento continuo de los viajes internacionales en los últimos años. Sus previsiones a largo plazo apuntan a una tasa de crecimiento anual del 4,1% hasta el 2020. En el año 2005, 806 millones (M) de turistas (aproximadamente el 10% de la población mundial) cruzaron las fronteras con los siguientes destinos: 133´5 M al continente americano, 441,5 M a Europa, 155,4 M a Asia, 36,7 M a África, 39,1 M a Oriente Medio. Entre los 40 países mayores receptores de viajeros se encuentran al menos 10 países que se podrían etiquetar de menos desarrollados, donde el riesgo de contraer alguna enfermedad infecciosa es alto. De hecho, África experimenta la mayor expansión porcentual de turismo. Se prevé para este año 2006 una tasa de crecimiento del 10,6%.
Fue en el año 2001 que el turismo decreció por primera vez desde 1982. De forma global, el turismo decreció un 0,6%, muy probablemente debido al efecto del 11 de septiembre, ya que las llegadas al continente americano disminuyeron un 6% y al sur de Asia un 4,5%. Pero aún así, el continente Africano registró un incremento del 4,6%.
Se estima que el número de desplazamientos internacionales crecerá hasta 1.046 millones y 1.602 millones para los años 2010 y 2020, respectivamente.
España es en la actualidad el segundo país receptor del mundo, con casi 48 M de llegadas de turistas anuales. Además, 12-13 M de españoles viajan al extranjero cada año, de los que unos 950.000 (9%) lo hacen hacia zonas tropicales: 506.000 a América Central-Caribe y Sur, 280.000 a África (30.000 al África subsahariana, con predilección por los países occidentales, donde el riesgo palúdico es muy alto) y 165.000 a Asia y Pacífico.
Hoy día ningún punto de la tierra dista de otro más de 36 horas de viaje, tiempo inferior al período de incubación de la mayoría de las enfermedades infecciosas.
Es difícil dar datos exactos de los problemas de salud durante un viaje internacional, pero se ha estimado que por cada 100.000 viajeros y mes a los trópicos, 50.000 tendrán algún problema de salud, 8.000 se encontrarán lo suficientemente enfermos como para consultar a un médico durante el viaje, 5.000 pasarán algún día del viaje encamados a causa de enfermedad, 1.100 sufrirán algún grado de incapacidad durante o después del viaje, 300 serán hospitalizados durante el viaje o al regreso, 50 serán evacuados o repatriados y 1 fallecerá.
Las principales causas de muerte durante un viaje internacional son las enfermedades cardiovasculares (45%) y los traumatismos (15%). La mayoría de las muertes cardiovasculares se producen en el grupo de edad de 50-69 años, mientras que los accidentes en el de 20-29 años. Las enfermedades infecciosas, aunque son las responsables del 2% de los fallecimientos, representan la mayor causa de morbilidad y a diferencia de las anteriores son fácilmente evitables.
La posibilidad de adquirir una enfermedad varía enormemente dependiendo de las condiciones del viajero y del viaje.
Los factores de riesgo más reconocidos para la adquisición de una enfermedad infecciosa durante un viaje son: juventud e inexperiencia; enfermedad crónica, inmunodepresión, embarazo o infancia; viajes de mochila y aventura; visita a zonas rurales y fuera de las rutas turísticas habituales; duración del viaje superior a 4 semanas; viaje al África subsahariana (sobre todo a África occidental), y más aún si coincide con la época de lluvias. Los viajeros de larga estancia como expatriados y cooperantes constituyen un grupo especial, los que además de poder adquirir las enfermedades típicas del turista, están en riesgo de las enfermedades endémicas de la zona que afectan a la población local.
Es muy recomendable que todo viajero reciba un consejo sanitario antes de su partida
(
ver a donde ir antes del viaje).
Es preferible un consejo individualizado, que se realiza tras una cuidadosa valoración de los riesgos específicos a los que va estar sometido el viajero, teniendo en cuenta todos los factores que aconsejan o desaconsejan una vacunación o una profilaxis determinada. Sólo de esta forma se evita la administración indiscriminada de medicamentos (que no están carentes de efectos secundarios, que cuestan dinero y que suponen una incomodidad y estrés para el viajero) o la protección insuficiente (con la consiguiente morbimortalidad del individuo y el hipotético riesgo de diseminación de la enfermedad). También es recomendable que el viajero enfermo a su regreso busque los cuidados especializados en los distintos centros sanitarios (
ver a donde ir después del viaje).
El turismo debe contribuir al entendimiento y respeto mutuo entre hombres y sociedades, al desarrollo personal y colectivo, al desarrollo sostenible de los pueblos receptores y al aprovechamiento y enriquecimiento del patrimonio cultural de la humanidad.